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¿Puede EE. UU. eliminar los impuestos sobre los ingresos con aranceles?

La promesa de Trump que no cuadra con los números

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11/12/20204 min read

Según el presidente Donald Trump, sí. Según los expertos y las cifras oficiales, no.

En las últimas semanas, Trump ha insistido —como ya lo hizo en su campaña de 2024— en que su estrategia arancelaria podría generar tanto dinero que el impuesto federal sobre los ingresos dejaría de ser necesario. La idea, atractiva en un discurso político, pierde fuerza cuando se revisan los datos y las implicaciones económicas.

La promesa: una “nación arancelaria” como en 1870

Trump asegura que Estados Unidos podría regresar al modelo económico de finales del siglo XIX, cuando el país financiaba gran parte de su gobierno con tarifas a las importaciones y no existía el impuesto federal sobre los ingresos.

Pero la comparación no es realista. Aquel era un país con una economía pequeña, con población reducida y en un mundo sin la actual interdependencia comercial. Hoy, Estados Unidos es la economía más grande del planeta y funciona con un modelo fiscal completamente distinto.

Aun así, Trump sostiene que sus aranceles podrían reemplazar los ingresos tributarios. Durante una reciente reunión de Gabinete lo dijo sin titubeos:
“Llegará un momento en que ya no habrá que pagar impuestos sobre los ingresos. Lo que está entrando es tantísimo que no hará falta.”

La realidad: los aranceles apenas aportan una fracción del presupuesto

Las cifras del Departamento del Tesoro cuentan otra historia.

Ingresos del último año fiscal (2025):

  • Impuestos a los ingresos individuales: 2.66 billones de dólares

  • Impuestos corporativos: 452,000 millones

  • Aranceles: 195,000 millones

La brecha es monumental: faltan casi 2.8 billones de dólares si se quisiera sustituir los impuestos sobre la renta con aranceles.

Los números del año fiscal 2026 apuntan en la misma dirección. Hasta ahora:

  • 54% de todos los ingresos provienen del impuesto a los ingresos

  • Solo 7.75% proviene de los aranceles

Brandon DeBot, asesor de políticas fiscales en la Universidad de Nueva York, lo resume así:
“No es posible. No tiene sentido matemático ni económico.”

Aunque recaudaran más… seguirían sin funcionar

Especialistas coinciden en que, incluso si los aranceles aumentaran de forma significativa, no serían una fuente estable de ingresos. Su recaudación depende del volumen de importaciones, del comportamiento global del comercio y de las reacciones de otros países.

Steve Wamhoff, del Institute on Taxation and Economic Policy, califica la idea de “sinsentido”, señalando que para recaudar cifras cercanas a las del impuesto sobre los ingresos habría que imponer tarifas tan altas que podrían desatar una guerra comercial y frenar el crecimiento económico del país.

Además, más aranceles implican precios más altos para consumidores y empresas estadounidenses, lo que afecta especialmente a los hogares de ingresos medios y bajos.

Una idea anclada en un mundo que ya no existe

Trump suele afirmar que Estados Unidos debe regirse como en 1870, pero los expertos recuerdan que las condiciones de aquella época no pueden extrapolarse al presente.

Wamhoff lo describe con ironía:
“Había un tiempo en el que el Gobierno vivía de los aranceles. Pero en ese entonces la gente se transportaba en carruajes, no en automóviles.”

En el siglo XXI, la economía estadounidense depende profundamente de las cadenas globales de suministro. Un aumento drástico en las tarifas afectaría desde los costos de producción hasta los precios en los supermercados.

Un impacto directo en las familias de clase trabajadora

El riesgo más relevante es social.
Los aranceles suelen trasladarse al consumidor final mediante aumentos en los precios. Eso implica que quienes menos ganan terminarían pagando más por productos esenciales, mientras que quienes más ingresos tienen —y hoy pagan más impuestos— serían los principales beneficiados si desaparece el impuesto sobre la renta.

El profesor Michael Graetz, de la Universidad de Yale, lo explica claramente:
“Sería un momento extraño para quitar los impuestos a los ingresos a los más ricos y aumentarlos indirectamente a quienes ganan menos.”

Obstáculos legales y económicos en el camino

A este panorama se suma un elemento adicional: la legalidad de los aranceles.
La Corte Suprema está revisando actualmente las tarifas impuestas por Trump mediante decreto. Algunos magistrados han sugerido que podrían anularlas.

Empresas como Costco ya han demandado al Gobierno para recuperar el dinero pagado por aranceles, anticipando un posible fallo en su contra.

Si eso ocurre, el presidente tendría que recurrir a facultades emergentes de la época de la Gran Depresión para volver a imponer tarifas… y aun así no acercarse a la cantidad que hoy se recauda por impuestos sobre ingresos.

Conclusión: una promesa política que no resiste el análisis

La propuesta de financiar al Gobierno federal únicamente con aranceles pertenece más al terreno del discurso político que al de la realidad económica.

  • Los aranceles no generan suficiente dinero.

  • No son una fuente estable de ingresos.

  • Afectan más a las familias de bajos ingresos.

  • Pueden desatar conflictos comerciales y frenar la economía.

  • Requerirían cambios legales profundos e improbables.

En palabras de Graetz, la propuesta “es muy efectiva… pero solo para hacer campaña”.

Por ahora, y según todos los datos disponibles, Estados Unidos no está ni cerca de reemplazar los impuestos sobre los ingresos con aranceles, pese a lo que afirma Trump.

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